Es extraño, tanto él como su trabajo. Nadie le conoce, aunque todos observan lo que hace. ¿Y de quién hablo? Hablo del Guardián de los astros. Es tan etéreo como el aire, tan frío como el hielo, tan puro como el cristal. Sin él, ni día ni noche existirían, pues es el que pinta el cielo con la luz del Sol, o lo oscurece para dejar brillar a la Luna. Una gran manivela utiliza, pesada y lenta, que hace que los dos reyes del cielo bailen sobre la tierra, sin llegar nunca a tocarse. Los amantes malditos siempre buscan encontrarse, mas el guardián no descansa, y su frenético baile a cámara lenta nunca cesa. Sólo a veces, cuando el Guardián bosteza, y cierra sus ojos, abrumados por la tristeza, la Luna y el Sol consiguen unirse y fundirse el uno con el otro. Los mundanos lo llaman eclipse, pero es un desliz, un pequeño despiste. Parece sencilla la simple tarea que desempeña el misterioso Guardián. Sin embargo, él es odiado por todos, sin apenas darnos cuenta. Todos nos quejamos de lo rápido que se marcha el Sol, y de lo breve que es la noche. Otras veces, los días se nos hacen eternos, y deseamos ver la radiante Luna con impaciencia. El Guardián, sin corazón latiente, se entristece y llora muchas veces. Llora por los trágicos amantes, llora por los humanos, los más ignorantes, que reciben sus lágrimas con mala cara y un paraguas por delante. Muchos siglos han pasado ya desde que el Guardián habita en las estrellas. Incluso podemos verle, si giramos desde Orión hacia la derecha, pasando por la Osa Menos y Casiopea. Pero no vivirá ahí para siempre, pues las estrellas mueren y él, inmortal, tiene que buscar morada en otro lugar. Es solitario y triste el trabajo del Guardián, haciendo que el tiempo gire y la vida humana comience su cuenta atrás. Sin embargo, su sonrisa también aparece a veces, formando siete colores en el cielo, cuando algún niño ingenuo mira hacia el Sol, sin saber que duele, y observa maravillado la Luna, mientras su madre, desesperada, tira de su brazo para que no se distraiga con tonterías. Bendito Guardián, al que los pájaros quieren alcanzar volando cerca del Sol, creyéndose Ícaros triunfantes. Poca gente sabe de su existencia en la lejanía, y poca gente distingue sus ojos añiles mezclados con el azul del cielo.
Es extraño y etéreo. ¿Le has visto? Sí, hablo del Guardián de los astros del cielo.
martes, 25 de marzo de 2014
El Guardián de los astros del cielo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)