sábado, 9 de noviembre de 2013

Sombras del mundo.

Es extraño sentirte sola cuando estás rodeada de gente. Sin embargo, esa gente son para ti meras sombras que deambulan por las calles sin rumbo fijo. En ocasiones, parece que tú eres la sombra invisible que vaga por los pasadizos más escondidos, esquivando a la multitud y evitando las calles abarrotadas con el objetivo de encontrar un lugar tranquilo donde puedas pensar. A veces, te sientes cobarde por huir del mundo, pero, ¿no te ha dado el mundo la espalda? ¿No te ha dejado en un lugar en el que no encajas con los demás? Incluso, llegas a plantearte si son ellos los extraños, o si, simplemente, no se dan cuenta de la realidad, y estás inmersos en sus simples vidas, riendo y hablando animadamente con aquellos a quienes consideran amigos, pero que los traicionarán cuando encuentren una opción mejor, pues el ser humano es retorcido y astuto. A veces, ser una sombra parece la mejor opción. Y te dices a ti mismo: "Sé como ellos, ríe como ellos." Pero no puedes, porque ves que todo tu entorno está hecho trizas. Y observas cómo los semáforos cambian de rojo a verde, y los coches avanzan, cada uno hacia una dirección con un propósito determinado. Observas a la gente por la calle y parecen ciegos. No ven más allá de sus vidas, de ellos mismos. Y quieres hacer algo para que despierten y salgan de su burbuja, pero ¿qué puedes hacer tú? Si sólo eres una sombra más. Y te limitas a guardar silencio, y a observar cómo el mundo se desfigura cada vez más, sin poder hacer nada. Y sientes algo extraño. ¿Impotencia, tal vez? Es posible. Pero es difícil determinarlo, pues, para el mundo, eres una simple sombra. Quizás sea mejor ser una sombra, y no caer en la mediocridad del mundo. Quizás sea una oportunidad para comenzar a cambiar esta sociedad decadente. Incluso, puede que no seas la única sombra del mundo que está sentada, impotente. Y te levantas para marcharte de nuevo, recorriendo las mismas calles por las que la gente circula con prisa siguiendo sus monótonas vidas, con la débil esperanza de que otra sombra se cruce en tu camino.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Asuntos (traicioneros) del corazón.


Todos hemos sentido esa sensación alguna vez. Esa sensación, en la que una mano invisible te atraviesa el pecho, buscando lo más preciado de tu cuerpo, para arrebatártelo: tu corazón. No se nota por fuera. Ni siquiera se escucha sonido alguno. Sólo tú sabes que se ha roto, que esa mano invisible de uñas afiladas como cuchillos lo ha desgarrado. Por un momento, sientes que es una estupidez seguir respirando, pero tu instinto de supervivencia no se rinde, y te obliga a tomar aire, que entra con dificultad en tus pulmones. Un aire sucio, cargado de esos recuerdos tan dañinos que tu corazón guardaba cuidadosamente en su interior, y ahora se desbordan de la herida abierta y sangrante. 
A veces, es una simple mirada, una palabra susurrada, lo que nos hace rompernos por dentro, y gritar en silencio: “No puedo más”. Pero nadie escucha, y nadie conoce lo que te está pasando. Es algo tan abstracto y tan real, casi imposible de describir. (Al fin y al cabo, los asuntos del corazón no son fáciles). Y te inunda una sensación inmensa de vacío, y te preguntas “¿Volveré a llenarme alguna vez?”. Pero es una pregunta retórica, pues la mano invisible es caprichosa y cruel, y cuando tu herida ya ha sanado, ella vuelve para abrir la reciente cicatriz, aún rosada y tirante. Y ya no sientes. Ya no sientes nada.