lunes, 4 de noviembre de 2013

Asuntos (traicioneros) del corazón.


Todos hemos sentido esa sensación alguna vez. Esa sensación, en la que una mano invisible te atraviesa el pecho, buscando lo más preciado de tu cuerpo, para arrebatártelo: tu corazón. No se nota por fuera. Ni siquiera se escucha sonido alguno. Sólo tú sabes que se ha roto, que esa mano invisible de uñas afiladas como cuchillos lo ha desgarrado. Por un momento, sientes que es una estupidez seguir respirando, pero tu instinto de supervivencia no se rinde, y te obliga a tomar aire, que entra con dificultad en tus pulmones. Un aire sucio, cargado de esos recuerdos tan dañinos que tu corazón guardaba cuidadosamente en su interior, y ahora se desbordan de la herida abierta y sangrante. 
A veces, es una simple mirada, una palabra susurrada, lo que nos hace rompernos por dentro, y gritar en silencio: “No puedo más”. Pero nadie escucha, y nadie conoce lo que te está pasando. Es algo tan abstracto y tan real, casi imposible de describir. (Al fin y al cabo, los asuntos del corazón no son fáciles). Y te inunda una sensación inmensa de vacío, y te preguntas “¿Volveré a llenarme alguna vez?”. Pero es una pregunta retórica, pues la mano invisible es caprichosa y cruel, y cuando tu herida ya ha sanado, ella vuelve para abrir la reciente cicatriz, aún rosada y tirante. Y ya no sientes. Ya no sientes nada.

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