Es aterrador observar cómo el tiempo lo destruye todo a su paso, lentamente. Que cada segundo que pasa está perdido y jamás volverá. Es aterrador pensar que el tiempo también va destruyendo a las personas. Que se marchitan poco a poco, hasta que la muerte termina su trabajo.
Al observar los numerosos surcos de su pálido rostro, no puedo evitar pensar que va a marcharse, y que no puedo hacer nada para evitarlo. Ella, que siempre había sido fuerte, alegre, llena de vida, ahora se ha apagado. En ocasiones, aún puedo distinguir en sus ojos esa brillante chispa de vida que la caracterizaba. Sin embargo, sé que su mirada ya anda perdida, buscando el descanso.
La recuerdo sentada junto a mí, jugando y riendo. Era hermosa. Incluso ahora lo es, a pesar de que su cobrizo cabello se ha teñido de blanco y su sonrisa apenas se deja ver. Parece tan frágil...
Y tengo miedo, pues sé que puede irse para siempre en cualquier momento. Pero nada puede parar al devastador tiempo, que todo lo pudre. Y ella está cansada, lo sé. Cansada de vivir. Mas, no te la lleves aún, cruel muerte. Déjala a mi lado un rato más. No hagas que sus finos párpados caigan para no volver a despertar.
Sé bien que, si ella se va, una parte de mí morirá con ella. Pero sólo me queda esperar y susurrarle mientras duerme: "Abuela, no te vayas todavía."
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