domingo, 22 de septiembre de 2013

Ojos en la oscuridad.

Abrí de golpe los ojos en la espesa oscuridad. Eran las 4:16 de la mañana. Extrañada, intenté recordar si me había despertado por una pesadilla. Entonces lo escuché. Era un sonido repetitivo, casi imperceptible, que rompía el silencio que reinaba en la casa. Era parecido al que hace una gota al caer. Me asomé a la ventana. La calle estaba totalmente desierta, iluminada únicamente por la tenue luz de una antigua farola, ya medio fundida. No llovía. Debía venir del baño. Sin embargo, no tuve el valor suficiente para recorrer los oscuros pasillos y llegar a cerrar el grifo que me impedía dormir. Volví a tumbarme en la cama, intentando calmarme y dejar la mente en bkanco. Al cabo de unos minutos, el molesto ruido paró. Pensando que todo había sido una mala jugada de mi imaginación, volví a conciliar el sueño, y mi respiración recuperó su ritmo habitual. Sin embargo, ignoraba que aquel maldito grifo había sido cerrado por una mano desconocida, escondida entre las sombras. Los ojos de su propietario me observaban con atención. En ellos, no se distinguía sentimiento alguno. Sólo vacío. Vacío, y una oscuridad más negra y profunda que la que inundaba aquella noche la habitación.

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